Origen del Relato - Día 0
Esta no es una historia de amor, dolor o perdón, tampoco es
una relato a la vida, a la muerte o a la fe, quizá y tan solo quizá… sea la
descripción de un camino errado, una síntesis abstracta de un proceso de
arrepentimiento y un intento fugaz de encontrar consuelo entre los recuerdos y
las palabras.
El trayecto nació un sábado a media noche entre abril y mayo
del 2014. Las páginas del “libro” pasaban una tras otras mientras que las ideas
de abandonar el país se iban consagrando con más fuerza. El libro no fue el
motivo, pero si el perfecto disuasivo para abandonar la rutina y emprender un camino
hacia el sur. El plan era simple, aunque tremendamente perfecto… “no tener plan”.
La ruta estaba trazada, recorrer durante los siguientes días o semanas un
camino a lo desconocido, hacia cualquier rincón aún no visto y experimentado,
caminar lejos de casa tanto como se pudiera o como el cuerpo, la mente, la fe y
el bolsillo aguantaran.
Para marcharme, elegí el primero de julio por un asunto
generacional. Lo que creí que duraría algunos días o semanas al borde de la
frontera guatemalteca, terminó casi tres meses después en Panamá, entre la encrucijada
decisión de regresar a mi hogar o tomar un barco rumbo a Colombia. Los periodos
de hambre, enojo y soledad fueron y siguen siendo recuerdos inolvidables e inquebrantables,
pero, al fin y al cabo, solo viejos y anhelados recuerdos. Alzar la mano para pedir
jalón se convirtió en una extraña e irónica rutina, a veces penosa y aterradora, otras y la gran
mayoría de ellas, llenas de sobrecogedoras memorias que marcaron formas de repensarme
la vida. Cada amanecer, atardecer y anochecer quedaron tatuados en el alma, cada
día, por absurdo, simple y tonto que fuera, dejo un largo rastro que deseo
rememorar seis años después. Ahora, entre este encierro autoproclamado y un futuro
con tanta incertidumbre, quiero revivir esos días con pequeños relatos diarios.

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